miércoles, 21 de octubre de 2009

► Muy sexy y sin silicona

Hace unos veranos atrás viajé a Buenos Aires con unas amigas y algo en ese viaje me traumó, pero no fue la turbulencia del avión. El shock, vamos a decirlo, lo produjo una argentina rubia y exuberante que iba a mi lado. Aunque no fue ella directamente, sino sus pechugas. Sus pechugas que todo el mundo miraba, haciéndome sentir disminuida, un insignificante punto en el universo. Hasta yo las miré tratando de disimular el impacto en mi rostro. Es que no eran unas pechugas cualquiera, eran dos grandes globos de silicona que casi le salían de cuello. Una gran cantidad de centímetros cúbicos en cada lado. Probablemente medio litro. O sea, si hubiese sido silicona de material de construcción serviría para pegar todas las ventanas de una mansión o todos los artefactos de los baños de un condominio entero.

Ahora la pregunta es ¿por qué nos hemos acostumbrado a ver ese tipo de pechos? ¿Por qué se impusieron como símbolo de la mujer sexy, si -Me imagino-, no hay nada más grato que tocar pechos naturales con forma y textura también natural? Es tan extraño eso de los cánones de belleza. No hay chica sexy que no los lleve, como si fuera una condición para ser “mina”. Yo miro los míos y me gustan, son lindos, suaves y están bien: cumplen su objetivo. Ahora al tipo que le guste tocar o besar algo, que por debajo es como una pequeña pelota inflada, que se vaya a ver los programas juveniles de la televisión chilena, ahí las hay por montones.

Y no es que no entienda a las mujeres que optan por ello, las razones de cada cual son íntimas y respetables, el problema es cuando se vuelve un canon, una exigencia, un requisito para conseguir ciertos trabajos, un modelo de cuerpo que hace creer a todo el resto de las mujeres que las suyas están “mal”, cuando en verdad están muy bien. Así son los pechos en la realidad. No cómo los de los comics, no como los de las chicas de la tele. No son piedras, es carne. Cuerpo humano. -Hello!!!.

Tengo una amiga que está muy acomplejada, porque tiene poco, dice que su marido (que entre unas enormes paréntesis es harto desagradable), le está pidiendo que se implante, porque quiere tocar algo “grande” ¿Acaso ella le pide a él que se implante algo? ¿Qué coloque trozos de piedras preciosas en el rostro o que se alargue el cuello como esas mujeres de una famosa tribu africana? ¿Le pide que agrande su miembro viril, porque ella quiere tocar algo “grande”? No señor, no le pide nada, porque lo desea tal cómo es. Entonces me enojé y nos pusimos a buscar por internet fotos y todas las chicas Play Boy de los años sesenta y setenta, tipas bastante lindas, pero efectivamente la forma de sus pechos era una forma natural; grandes, pero natural y probablemente agradable para el tacto de los caballeros de esa época.

Creo que nos caímos del cielo a la tierra. No debiéramos haber aguantado ni una operación para agrandar el busto. Una cosa es la reconstrucción, porque a las mujeres nos toca dar de mamar y no hay fémina en la faz de la tierra que diga que sus pechos quedaron iguales después de ese período. Hay casos médicos o casos estéticos que ameritan; que se han vuelto un complejo para la cotidianeidad de las mujeres. Pero una gran cantidad no. Los pechos pequeños o grandes son sexys, los pechos blandos, duros y suaves también lo son. El pezón, lo es en todas sus formas y tonalidades. Por lo menos a mí, los míos me hacen sentir muy feliz, y la mayoría de las veces lo paso increíblemente bien teniendo sexo. Y somos sexys por nuestra forma de ser, por nuestros temas de conversación, por nuestra manera de mirar, movernos, hacer el amor. Somos sexys cuando queremos ser sexys sin la necesidad de la silicona. -Uy, parece que me dió la maña. No, en realidad sólo me apasioné por el tema. ¡Silicona go home! Es más, si veo a la argentina de nuevo, se las reviento con un alfiler.